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hace 3 meses - Gays - 0
ALMAS GEMELAS -Austin
ENVIADO DE FORMA ANÓNIMA
La siguiente narración es la prueba de como las vidas de tres personas pueden tocarse y en ocasiones entrelazarse de tal forma que a veces se vuelven una sola. Este relato es ficticio y es contado desde el punto de vista de Austin.


AUSTIN:

Empezaré diciendo que mi hermano menor y yo somos gemelos idénticos, nuestra vida dio inicio cuando nuestro padre, un empresario exitoso en el negocio de las importaciones embarazó en medio de una noche de borracheras y putas a nuestra madre biológica, una puta en sus casi cincuenta (lo que en el mundo de las putas es prácticamente la edad de la jubilación), en fin que en vez de abortar como hubiera hecho cualquier otra mujer de aquel oficio decidió sacarle plata a esta situación por lo que nos tuvo a ambos; esto no lazó a nuestro padre el cual era un mujeriego empedernido y un soltero perpetuo (hasta ese momento) pero ya que su padre (el abuelo) le había estado sacando en caro que necesitaba un heredero, escúchese bien, Uno decidió dejar que el embarazo continuara sin acceder a relación de ningún tipo con nuestra progenitora.


La complicación viene cuando al enterarse ellos del embarazo doble se limitaron a pagarle a la mujer por un gemelo, el mayor, el primogénito, osea yo, nací primero que Zain (mi hermano menor) por apenas 70 segundos, total que fié a mí (mi nombre es Austin por cierto), a quien se llevaron a vivir una vida de lujos y de cuna de oro, crecí como hijo único por lo que aunado a la posición social y económica de mi familia viví lleno de lujos, dándome gustos sin mesura desde mi corta vida, admito que hoy en día en cuanto a mi personalidad era, debo decir antipático, necio, manipulador y egocéntrico además de muy pero muy .
Como decirlo, hijo de puta (literalmente).

Cuando tenía cuatro años por ejemplo tiré el pastel de bodas de mi tía solo porque no me dieron la rebanada de arriba (que según está reservada para los novios), en casa podía romper cuanta antigüedad deseara y nadie se atrevería a reprenderme puesto que mi padre casi nunca estaba, mi abuelo vacacionaba perpetuamente y no existía nadie más cercano a mí, tampoco tenía respeto por la vida de los animales a quienes hacía disparar por un tirador profesional, realmente adoraba ver explotar a las ardillas y a las palomas, no me interesaba jugar con otros niños a menos que el juego me permitiera arrancar mechones de cabello o tirar algún diente chueco.

Tenía una dulce edad cuando desarrolle un complejo narcisista; pero no podía evitarlo, si ustedes me hubieran contemplado en mis años más tiernos pensarían que no hay pecado alguno, me descubrí cuando en cierta ocasión me vi al espejo desnudo, mi piel clara, inmaculadamente besada por el sol apenas dibujaba una línea que separaba los tonos de piel de mi zona púbica del resto de mi cuerpo, mi rostro agraciado como esculpido por ángeles mismos, de rasgos finos y delicados, ojos de color avellana, cejas de buen grosor, nariz pequeña y redonda que hacía juego un una boquita de labios acolchados color rosado intenso, mi cabello rizado hasta los hombros de matices doradas entre las tonalidades del trigo y el castaño claro.


Disfrutaba mirarme cada día en mi espejo personal, pronto hice colocar uno del tamaño de la pared para contemplar mi belleza por toda la habitación, aquella visión embriagante de belleza pueril se estrujaba dentro mi como haciendo contacto eléctrico en mis entrañas, era muy excitante, conforme fui creciendo mi morbo también lo hizo y aprovechando de mi posición de señorito de la casa salía a pasearme desnudo en presencia de la servidumbre quienes no tenían sino solo dos opciones: cubrirse la cara por respeto o darse colirio con mi belleza, a mis doce años mi despertar sexual se completó al ordenarle a una mucama (una joven de veinte años) que limpiaba mi habitación que se desnudara para mí, ella quedó congelada por mi petición hasta que señalándole un rollito de billetes de 100 dólares su dignidad fue comprada por el mejor postor, Yo; al final todos tienen un precio, con ella perdí mi virginidad y la use a lo largo de varios meses otras cientos de veces, desatando fantasías cada vez más retorcidas, al final de un muy buen año ella renunció a seguir trabajando para mí cuando la hice penetrar por Jorge, mi chofer de limusina, él era un vergón veterano, de al menos sesenta años, cuerpo alto y fornido, manos gruesas y velludas y un bigote poblado bajo unos ojos de severa expresión, él fue mi confidente y protector más cercano, en cuanto a la chica supongo que la experiencia con Jorge fue demasiado para su vagina y ano, o tal vez solo le di demasiado dinero.


Además de ser amo y señor de mi casa también solía disfrutar de paseos en limusina, a estas alturas yo tenía claro que podía comprar a cualquiera, solía convencer a niñas de mi edad de echarles un polvo en mi vehículo a cambio de algunos billetes; si, mi vida era muy buena hasta que un día ocurrió un evento en mi vida que desencadenaría eso a lo que muchos llaman karma.
Jorge conducía por las calles del centro mientras las luces de la ciudad llenaban de vida la tarde-noche, nos encontrábamos frente a un gran centro de convenciones regularmente usado para actos culturales de donde salían un grupo de chicas en mayas (bailarinas pensé), entonces me fijé en una de ellas, a diferencia de las otras morenas, catiras y negras que llevaban un moño en el cabello esta lo llevaba suelto, un castaño algo oscuro pensé tratando de adivinar el color correcto a través del vidrio polarizado, su cuerpo era ligeramente más alto que el resto, de cintura soñada y nalgas redondas y provocativas -¡Debe ser mía! -pensé, mientras nos acercábamos al grupo de niñas, algo que no podía explicar me atraía mucho de ella.



¡Ey, Tú, la del pelo suelto! -dije llamando su atención- ¿Quieres que te lleve? el resto de las chicas siguió su camino excepto aquella que me interesaba.



Jorge se detuvo, él ya sabía de mis mañas así que no hubo necesidad de dar más instrucciones, la compuerta que separa los asientos del conductor de los pasajeros se cerró mientras yo terminaba de bajar el vidrio de mi limo; sin embargo nunca pensé que al acercarse la "chica" me vería a mí mismo afuera del auto, ambos quedamos en silencio mientras él (quien yo creía era una chica), con una cara de sorpresa me veía expectante lo mismo que yo.
No solamente, No se trataba de una chica, sino que además se veía exactamente igual a mí, las conjeturas en mi cerebro tomaron forma en una fracción de segundo, hasta ese momento no sabía que tenía un hermano gemelo.



Tú.
-Quedé estupefacto hasta que más por reflejo le dije- ¿Quieres que te lleve?

.
Ehm Claro -exclamó con algo de ansiedad.



Él se sentó frente a mí, vestido con esas mayas ajustadas me veía, es decir, se veía realmente hermoso, un cuerpo bien trabajado, un rostro perfecto y su cabello que era mucho más largo que el mío.


Desde que había aprendido a masturbarme constantemente soñaba despierto fantasías en la que me cogía a mí mismo, era algo raro de explicar pero mil y una pajas me hice pensando en una situación exactamente igual que la que estaba viviendo justo ahora, la posibilidad de coger a la persona más atractiva que conocía, a mí mismo, fue en ese momento que mi libido encendió los motores de mi razonamiento y dejando de lado la sorpresa comencé a darme gusto con lo que estaba viendo, unos muslos gruesos y un trasero grande y firme, torso bien trabajado delineado por esas mayas negras de lycra y su rostro de chica inmaculada me prendieron en lujuria.



-¡Sosías! -dijo Él.


-Maldición.
¿Qué?

- Sosías, eso es lo que somos- volvió a decir- Es cuando te encuentras a alguien muy parecido a ti sin tener ningún parentesco.


-Ya veo -Exclamé, a pesar de mi comportamiento yo estaba más que bien ilustrado en mis estudios y sabía que uno tiene al menos siete socias en todo el mundo; pero esto era diferente, éramos demasiado similares para no compartir algo de sangre, incluso parecíamos compartir Toda la sangre, ya había escuchado de algunas conversaciones entre mi padre y abuelo acerca de "el mayor de dos hermanos" o algo así pero no imaginaba que se tratara de esto.


-Sí, Sosías, eso debe ser -exclamé tomando el control de la situación y le lancé un halago- ¡Creo que eres muy guapo!

-¡Gracias! -dijo ruborizándose casi al instante.


-y ¿Qué opinas de mí? -dije mirando sus zapatos deportivos algo gastados, (un pata en el suelo sin lugar a dudas).


-Tal vez suene presuntuoso decirlo porque somos muy parecidos pero, ¡Creo que eres muy bello! -dijo poniéndose aún más rojo.


-¿Te gusta bailar? -pregunté.


-Amo Bailar -me dijo con un ademán ligeramente afeminado- Aunque soy más aficionado a la actuación.


-Imagino que debe ser difícil con esos malditos zapatos de mierda.


-Algo -dijo casi suspirando, una mentira muy mal disimulada.


-¡Quiero ayudarte! -le dije con una mueca semejante a una sonrisa- ¡Voy a regalarte esto! -le dije sacando un billete de 100 dólares de mi billetera.


(En Venezuela el que gana en dólares tiene más dinero que una empresa semi grande, ya que debido a la devaluación constante las monedas extranjeras valen más, con 100 dólares puedes comprar una motocicleta, para el final de año 2017 se podrán comprar dos)

-¿En serio? -una sonrisa genuina se dibujó en su rostro que rápidamente se apagó cuando preguntó ¿Que tengo que hacer?

-Verás.
-Sonreí de pura malicia y agarrándome el paquete sin pudor le dije- ¡Quiero descargar esta maldita leche!

-¿Quieres que.


-¡Quiero que me la mames! -levanté la voz.


-.
-Él quedó en silencio un momento.


-¡No me digas que no te gustaría! -me mofé en su cara- Seguro que ya se la has mamado a algún bailarín o profesor de baile, eh?

-¿Nadie lo sabrá? -preguntó algo inseguro.


-Solo Tú y Yo.
(y mi sistema de vigilancia oculto, nadie más)

-Está bien, ¡pero dame el billete primero!

-Sácame la leche primero!


Él se quitó el morral y cuando inició su acercamiento lo detuve -¡Eh, sin ropa, quiero tenerte bien desnudito!, lentamente comenzó a quitarse las mayas dejándome ver ese cuerpo perfecto, ¿perfecto? claro que sí, ya que era igual a mí.
Con doce años él, al igual que yo aún no desarrollaba mucha masa muscular pero esto solo lo hacía ver más lindo de lo que ya era, las mayas habían aterrizado en mi asiento por lo que tomándolas las olí, un exquisito aroma manaba de ellas, al voltear a verlo quitándose la ropa interior me vi a mi mismo como siempre solía hacer, solo que esta vez lo hacía sin un espejo, era un "yo" real, de carne y hueso, un "yo" que podía tocar, besar, pero sobre todo, uno que podía violar, hacerle sufrir, pagarle unos miserables billetes a cambio de darme total dominación sobre sí mismo, sentí sus manos desabrochar mis pantalones cortos, bajándomelos lentamente, mis boxes desaparecieron, en mi zona púbica solo podía ver unos risos dorados sobre una cabeza que subía y bajaba conforme se tragaba mi pene, aquello era simplemente delicioso, no podía entender el gran abanico de sensaciones que mi propia boca (la de él) me estaba dando, definitivamente ya lo había hecho antes, nunca sentí sus dientes en mi pene, sus acolchados labios rodeaban mi falo con la suficiente rudeza para arrancarme gemidos pero con tanta delicadeza que me prolongaba el placer.


Lento pero sin pausa y sus labios chuparon libidinosamente mi glande, su lengua se metía por mi prepucio devorando mi virilidad con hambre y dedicación, de puro gozo estiré mi cuello hacia arriba y posando mis manos en su cabeza tiré de sus largos y dorados risos como si de las riendas de un caballo se tratase, él no se ocupó de nada más que de recibir mi pene, en silencio tomé mi Smartphone y encendiendo la cámara comencé a grabarlo sin que se percatara, al sentirme parte del video mi morbo floreció aún más y dejándome llevar por mi desenfreno adolescente me adueñé de su boca penetrándola sin cuidado, estoy consciente de que al igual que él, mi pene era muy pequeño debido a mi edad; pero eso no le quitó disfrute alguno, simplemente no había experimentado ninguna sensación que se le comparara al extremadamente amplio espectro de experiencias que no me dejaron dudas de que debía "comprar" a este chico.


Él era realmente bueno con su lengua, ciertamente tenía una maestría en succión, luego de 10 minutos de sensaciones irrefrenables y electrizantes mi pre juvenil pene se contorsionó dentro de sus fauces haciéndome explotar en un orgasmo seco (aún no eyaculaba semen), ambos respirábamos con dificultad, mi corazón latía desesperadamente y aunque parezca cosa de novelas y dramas pensé por un instante que latía en sincronía con el suyo.
Cuando finalmente recuperó la compostura se percató de que lo estaba grabando, se sacó mi pene de su boca y tratando de quitármelo se pegó a mi cuerpo y de un patada lo empujé hasta el asiento frontal, lo vi allí totalmente desnudo, él me suplicó con algo de molestia que borrara el video, a lo que yo me negué abriendo la compuerta que conectaba a los asientos del chofer y arrojándolo por allí volví a cerrar.



-¿Por qué haces esto? -preguntó limpiándose la boca.


-Porque puedo y porque quiero.


-¿qué vas a hacer con él?

-¡No llores mariquito! -le dije despectivamente- ¡Lo usaré para hacerme la maldita paja!

-¿No se lo mostrarás a nadie? -preguntó rojo como un tomate

-¡Claro que no! es solo para mí.


-Y.
¿Puedes darme el billete ahora? -dijo comenzando a vestirse

-No puedo.
-le sonreí

-¿Pero el trato era.


-¡El trato era que me sacaras la leche! -dije alzando la voz- Lastima que aún no me sale, ¡ja!

-Pero.
-balbuceó como quien aún no entiende que ha sido timado.


-¡Mejor suerte la próxima! -eso es lo que normalmente le habría dicho a cualquier chica o chico en su situación, no era la primera vez que usaba a alguien y lo dejaba con la mano extendida, cuando amenazaban yo les mostraba que habían sido grabados en la limo y entonces era mi turno para amenazarlos.


pero no hoy, no con él, su expresión de desasosiego le hacía ver como una criatura de naturaleza pura e inmaculada sufriendo por su corazón manipulado por mí, no sabía que mi propio rostro podía ser capaz de mostrar expresiones tan llenas de dulzura y ternura, debo admitir que en ese momento me dejé llevar y en un muy inesperado acto de compasión le entregué el billete de 100, él lo tomó como si estuviese sujetando algo mucho más valioso que simple papel moneda, llegamos luego de 15 minutos a un barrio por demás cutre y maloliente, me dio las gracias y se fue no sin antes cuadrar un próximo encuentro.


Rumbo a mi propia casa me recosté en los asientos de mi limusina y relamiéndome los labios me di un maldita masturbada viendo el video de mi celular una y otra vez hasta revivir sin éxito todo el repertorio de sensaciones que este chico cuyo nombre ni siquiera pregunté me había vendido por 100 dólares.


Fue en ese momento, justo al final de mi tercera paja que una gota de semen se asomó por mi glande, parece que al final aunque solo fuese con su recuerdo él había logrado sacarme la leche; entonces decidí que sería mío, lo compraría y una vez que negociáramos sus condiciones lo tomaría para mí una y otra vez, sometiéndolo a las fantasías más perversas que mi imaginación pudiera producir hasta quedar plenamente satisfecho; y si intentara voltear las cosas simplemente me desharía de él, después de todo solo era un mariquito de barrio, al menos eso fue lo que pensé en ese momento pero nunca hubiese imaginado que nuestras vidas acabarían yendo por este rumbo.



Este relato fue escrito por Shotaboy, solo en caso de que al subirlo aparezca como anónimo; este es un relato ficticio, los personajes y las situaciones que leyeron son irreales, esto lo escribo porque un par de veces me dijeron cosas como ¿De dónde me conoces, esa es mi vida? o ¡Te demandaré por escribir esa historia que Yo viví, neta!
Autor: shotaboy
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