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hace 1 año - Incestos - 5
Quedé embarazada de mi sobrino de 13
ENVIADO DE FORMA ANÓNIMA
La historia de cómo mi sobrino me dejó embarazada en un momento de debilidad..
Me llamo Marta y tengo 29 años. Tengo una hija de 1 añito y estoy casada, pero aunque mi marido lo cr...


La historia de cómo mi sobrino me dejó embarazada en un momento de debilidad..
Me llamo Marta y tengo 29 años. Tengo una hija de 1 añito y estoy casada, pero aunque mi marido lo cree así, él no es el verdadero padre de mi niña. El verdadero padre es mi sobrino Alexander, que ahora mismo cuenta con 14 años, casi 15, y que es un muy buen chico, muy dulce y educado. Pero no adelantemos acontecimientos, esto ocurrió hace más de un año, antes de casarme y antes de quedar embarazada.

Yo mido 1’65, y siempre me he destacado por tener un buen cuerpo, ya que desde niña he hecho deporte, lo que ha hecho que mantenga unas buenas nalgas y un pecho firme aunque mis tetas no son enormes, digamos que son de tamaño medio. Mi cabello es castaño y mis ojos son color miel, y mi piel es bastante blanca, lo que hace que mis zonas privadas tomen un color rosa que a los hombres les gusta mucho.

Está historia empieza con una pelea, entre mi entonces prometido y yo. Ya ni siquiera recuerdo por qué era, pero sí sé que me fui de casa entre gritos, y que le tiré el anillo de compromiso a la cara antes de irme. Salí por la puerta con destino al único sitio al que podría ir, la casa de mi hermana.

Mi hermana Carla, que es unos años mayor que yo, vive a unos 20 minutos de mi casa, así que fui allí y le pediría quedarme un tiempo. Cuando toqué a la puerta me abrió mi querido Alexander, que se sorprendió un poco de verme y me invitó a pasar como siempre, no sin antes darme un buen abrazo y dedicarme una sonrisa.

Alexander en ese momento era más bajito que yo, contaría con 1’50 de estatura, de piel algo morena por el sol, delgado aunque se podía notar algo de musculatura empezando a desarrollarse, lo normal para un chaval que acaba de cumplir los 13 años y está entrando en «esa edad», con un cabello castaño casi tirando a rubio, y unos ojos claros, poniendo la guinda del pastel sus labios rosas y con aspecto de porcelana.

Al mirarle pensé que sería la envidia de todos los chicos y el deseo de todas las chicas, era todo un adonis, un chico muy guapo para su edad, pero sólo lo vi como eso, un niño, y no cualquier niño, mi querido sobrino al que he visto crecer desde que era un bebé y su padre los abandonó a él y a su madre.

Hablé con mi hermana y me instalé en la habitación de invitados, la que sería mi habitación por tiempo indefinido, hasta que supiera qué iba a hacer con mi vida.

Pasaron algunos días en los que la vida transcurrió de forma normal, mi hermana trabajaba bastante y mi sobrino iba a la escuela por las mañanas, así que yo me quedaba sola y me ocupaba de la casa y hacía la comida. Cuando Alexander llegaba comíamos juntos y a veces veíamos una película o él se ponía a jugar a la consola mientras yo leía algún libro, cualquier cosa para matar el tiempo.

Unas dos semanas después de haberme ido allí ocurrió. Yo ese día estaba especialmente mal, aunque lo disimulé delante de Alexander. Después de comer en vez de quedarme con él fui a mí habitación y me derrumbé, empecé a llorar sentada en mi cama, con la puerta entreabierta, y se ve que por mi descuido de no cerrar la puerta Alexander me escuchó y fue en mi búsqueda, se le notaba preocupado y se sentó a mi lado poniendo su brazo sobre mis hombros.

A: Tía Marta, nadie merece que tú estés llorando por él, tú eres mejor que eso.

M: Teníamos una vida entera juntos, íbamos a casarnos y por una pelea ya todo acabó.

Yo lloraba desconsoladamente entre los brazos de mi sobrino, que me consolaba de una forma cálida y familiar.

A: Yo creo que una mujer como tú no debería estar así. Eres fuerte y si él no es el indicado encontrarás a uno que si lo sea.

Las palabras de mí sobrino, junto a su abrazo, me estaban calmando, y aunque seguían cayendo lágrimas por mis mejillas, que ya habían adquirido un color rojizo, ya no lloraba. De hecho alcé mi cabeza para mirarlo a los ojos, que me devolvían una mirada decidida. Esa mirada no era la mirada de un niño, por un momento me sorprendí de lo maduro que se veía mi sobrino en ese instante.

M: ¿T-tú crees?

A: Claro que sí, eres la mujer más maravillosa del mundo y el que no sé de cuenta es porque es ciego o tonto.

En ese momento, tal vez porque se me nubló la mente, o tal vez porque era algo que mi cuerpo deseaba desde hacía más de una semana, mi incliné y mis labios se unieron con los suyos en un suave beso. Él primero se sorprendió, pero al instante me respondió abriendo su mandíbula y recibiendo mi lengua con la suya.

Nos fundimos en un beso que duró un instante o una eternidad, y después nos miramos a los ojos. Su mano ahora acariciaba mi mejilla y secaba mis lágrimas. Yo sabía que aquello estaba mal, él era mi sobrino, y era sólo un niño, pero el ese momento nada de eso importaba.

M: ¿Has estado con alguna chica Alex?

Su cara se puso algo roja, sus nervios empezaron a hacerse notorios.

A: N-no… Este ha sido mi primer beso…

M: Besas muy bien para ser tu primero… Ven, sólo déjate llevar.

Le incliné de nuevo para volver a besar a mi sobrino a la misma vez que mi mano se posaba en su muslo. Él se dejó hacer y me devolvía el beso, que ya se tornaba más húmedo y pasional.

Mi mano pasó de su muslo hacia arriba por dentro de su camiseta tocando su abdomen, que se notaba marcado y duro. Ya se le notaba una erección que parecía que iba a romper su pantalón, y mi mano bajó lentamente desde su abdomen hasta su bulto, entrando dentro de su pantalón y sintiendo con mi mano esa polla adolescente.

Él solo me besaba sin hacer nada más, como por miedo a tocarme. Dejé de besarle y me saqué la camiseta y el sujetador, mostrándole mis pechos, a lo que él quedó asombrado, sin pronunciar palabra, sólo mirando fijamente con la boca abierta. Su inocencia me pareció tierna, se veía tan lindo….

Agarré su mano y suavemente la puse en mi pecho, moviéndola un poco para enseñarle cómo se hace. Mis pezones ya estaban duros, y mientras su mano se movía en mi pecho sentí la humedad que crecía en mi entrepierna. Cerré un poco los ojos para jadear, dejando escapar el calor que se concentraba en mi interior. Alexander levantó su mirada de mis pechos para mirar a mis ojos, que lo miraban de vuelta a la vez que le hablé en una voz muy baja, casi susurrando.

M: ¿Te gusta?

Él no respondió. Sólo asintió con la cabeza mientras seguía tocando. Entonces mis manos fueron a su camiseta y empecé a levantarla para quitársela, cosa que él supo interpretar ya que me ayudó y se la quitó para luego volver a tocarme.

Yo me puse en su regazo sentada de frente a él, de rodillas en la cama con sus piernas entre las mías, sobre él. Me acerqué y sentí su cuerpo piel con piel, estaba muy caliente. Sentí que sólo quería convertir a mí sobrino en todo un hombre. Quería darle todo de mí.

M: Chúpalas.

Él respondió a mí susurro inclinándose y empezando a chupar mis tetas, mientras yo le daba alguna pequeña indicación de cómo hacerlo, y fue entonces cuando mis jadeos se empezaron a transformar en suaves gemidos. Yo abrazaba el cuerpo de mi sobrino mientras sentía sus labios y su lengua de pezón en pezón, comiéndome como un profesional.

5 minutos después, y tras besarnos de nuevo más apasionadamente que antes, bajé de él y me coloqué de rodillas entre sus piernas, mirándolo a los ojos fijamente mientras bajaba sus pantalones y su boxer, dejándolo totalmente desnudo.

Su polla era la normal para alguien de su edad. Mediría unos 12 o 13 centímetros y a penas tenía unos pelitos empezando a crecer en la base, era blanca y tenía una cabeza roja y toda mojada que me pedía a gritos una comida. Y así lo hice, me incliné y la metí entera en mi boca, chupándola despacio, suavemente. Alexander empezó a jadear mientras mi lengua recorría esa polla adolescente de arriba a abajo, lamiendo también sus huevos y centrándome en lamer su cabeza húmeda, donde él sentía más placer.

Estuve así varios minutos, cegada por esa polla que aunque no fuera la más grande que haya visto, me pareció preciosa. Acariciaba su abdomen mientras succionaba toda su polla con mi boca, aplicando mucha saliva para aumentar su placer, cuando de repente se empezó a poner más dura y su abdomen se contrajo, sus jadeos se convirtieron en gemidos y tres chorros de semen salieron disparados dentro de mi boca.

Cuando terminó de correrse yo como si nada tragué su semen, que era algo más líquido que el de un adulto y sabía algo más dulce, y le limpie su polla hasta dejarla como nueva. Me llevé una sorpresa al ver que seguía dura como una piedra. Alexander sólo jadeaba algo cansado y parecía algo avergonzado.

A: Lo siento…

M: ¿Por qué lo sientes?

A: Me he corrido muy pronto…

M: No te preocupes mi amor, es tu primera mamada, es normal que hayas acabado algo rápido. Además, ha sido culpa mía por quedarme hipnotizada y seguir chupando.

Yo estaba acostada a su lado con mi mano en su pecho y su abdomen mientras él miraba al techo acostado en mi cama.

A: Ha sido…

M: Me alegro de que te gustara… Aunque veo que sigues duro como una piedra.

Al decir esto mi mano bajó hasta su polla, acariciándola de nuevo.

Él solo soltó una pequeña risa. Los dos estábamos pensando en lo mismo, así que sin pensarlo más actué.

Me levanté y me puse de pie delante de él y me quité toda la ropa, quedando totalmente desnuda mirando a los ojos de mi sobrino, que a sus 13 años casi recién cumplidos estaba cumpliendo el sueño de cualquier chaval.

Me subí sobre él, pasando mis pechos por todo su cuerpo hasta que quedé a su altura, y le di otro beso, explorando toda su cavidad bucal con mi lengua. Sus manos se posaron en mis caderas mientras nos besábamos, ya que no alcanzaba a tocar mi culo debido a su corta edad y estatura.

Dejé de besarle mientras lo miraba fijamente y bajé mi mano para colocar su polla en mi entrada, dejándome caer y metiéndola entera dentro de mi. Obviamente entró sin ningún problema ya que yo lo había hecho con pollas mucho más grandes que la suya, pero el placer que sentí en ese instante con mi sobrino no lo había sentido nunca. Sentí que mi coño y su polla encajaban perfectamente como dos piezas de un puzzle.

Al mirar a su carita vi la lujuria y el deseo, y le sonreí un poco antes de empezar a moverme suavemente, gimiendo al sentir como esa polla adolescente tocaba cada centímetro de mi interior, empezando a gemir suavemente.

Mis movimientos empezaron lentos y suaves, pero a medida que mi excitación aumentaba mis movimientos también, y al cabo de unos minutos ya montaba a mí sobrino como una puta deseando ser follada. No podía contener mis gemidos, que a esta altura eran bastante altos, y las manos de mí sobrino en mis pechos y todo mi cuerpo aumentaron mi excitación a tal punto que no tardé mucho en tener el mayor orgasmo que he tenido en mi vida.

Mientras montaba a Alexander sentí cómo un calor inmenso me llenaba por dentro, y antes de darme cuenta mis piernas se contrajeron y mi cadera empezó a tener espasmos, mis gemidos pasaron a ser gritos que rápidamente cubrí con mi mano mientras lentamente seguía moviéndome aplicando mucha presión en la cadera de mi pequeño sobrino. Una ola de placer recorrió todo mi cuerpo como un calambre y mientras cubría mi boca para no gritar sentí cómo mis ojos se humedecieron un poco de todo el placer que sentí.

Al tener ese orgasmo caí rendida sobre mi sobrino, que me abrazó con sus brazos y me besaba la mejilla. Todavía sentía la dureza de su polla dentro de mi, y un leve movimiento de su cadera que indicaba que él no había terminado y que su intención era esa.

Recobré un poco el aire y me acosté boca arriba, abriendo mis piernas para él, que contempló mi coño húmedo con Indiana Jones contempla el arca de la alianza.

Él mismo se puso en posición y empezó a follarme como cualquier chico de 13 años lo haría. Sus movimientos eran rápidos y algo erráticos, parecía algo desesperado. Yo le calmé y le dije que no había prisa, que se tomara su tiempo, y con eso y algunas pequeñas indicaciones, mi sobrino Alexander con sólo 13 años recién cumplidos me estaba follando como un profesional.

Yo agarraba mis piernas y gemía, a veces con los ojos cerrados y a veces mirando a mi querido sobrino, que parecía concentrado en lo que hacía.

Uno minutos después, como queriendo mostrar su decisión y su dominio, Alexander puso mis piernas sobre sus hombros, y agarrándolas firmemente, empezó a follarme más rápido y duro, lo que a mí me calentó bastante, y se lo demostré entre gemidos, agarrando la sábana y sintiendo un placer inmenso.

Poco después sentí cómo aumentó su velocidad y empezó a gemir, lo que me indicó que no le faltaba mucho para acabar.

M: Hazlo Alex… Córrete… Córrete mi amor…

No sé si fue por mis gemidos y mis súplicas, pero en ese momento Alexander explotó dentro de mi, llenándome de su semen adolescente.

Esto hizo que Alex se cansara por fin y, rendido, cayó sobre mí, mientras yo lo abrazaba,  acariciando toda su espalda con mi mano.

Sentí cómo su polla se volvía flácida dentro de mí a la vez que mi querido sobrino se quedaba dormido. Pero no por desgracia no podía dejar que eso pasara, ya que su madre llegaría en cualquier momento, así que le desperté y nos fuimos a duchar juntos entre besos y caricias. Al poco rato llegó su madre y los tres cenamos como si no hubiera pasado nada.

Al día siguiente cuando desperté esperé que todo aquello hubiera sido un sueño. No podía creer lo que había hecho, y a mi propio sobrino. Durante las dos semanas siguientes me distancié de él y le hablaba más formal y no de forma tan cercana. Me dolía mucho no tratar a Alexander con el cariño que se merece, pero creí que sería lo mejor si no queríamos meternos en problemas.

Y los problemas llegaron, en forma de una prueba de embarazo positiva. No lo podía creer, me puse a llorar, ¿Qué se supone que debía hacer? Había quedado embarazada de un niño, y no de cualquier niño, mi sobrino Alexander a quien yo tanto quería.

Después de pensarlo mucho decidí volver a casa con mi prometido y reconciliarme con él, con sexo de reconciliación incluido. Así que al decirle unas semanas después que estaba embarazada no sospechó de nada y creyó que el bebé que se gestaba en mi interior era suyo.

Ahora mi hijita Alexandra es feliz con su mamá y su «papá». Es de piel blanca, con un cabello castaño casi tirando a rubio, y unos labios rosas con aspecto de porcelana.

 

Y este ha sido. El relato más extenso y el que más trabajo me ha llevado hasta hoy. Espero que les haya gustado tanto como a mí escribirlo. Considero que esté ha sido mi mejor relato hasta hoy, por favor dejen en los comentarios su opinión y cualquier cosa que tengan que decir, lo apreciaría mucho. Gracias por leerme.



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