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hace 1 año - Incestos - 5
Soy el juguete preferido de mi hijo
ENVIADO DE FORMA ANÓNIMA
Mi hijo al igual que su amigo me desea..
Hola, mi nombre es Martha Mireya, soy de México.
Lo que les redactare sucedió hace tres años.
Tenía 30 años y mi hijo doce. Para entonces e...


Mi hijo al igual que su amigo me desea..
Hola, mi nombre es Martha Mireya, soy de México.
Lo que les redactare sucedió hace tres años.
Tenía 30 años y mi hijo doce. Para entonces el tenía un amigo de nombre Andrés, tres años más grande que él, el chico era de mi total agrado pues se miraba muy bien educado además de que, mi esposo trabaja como transportista y rara vez está en casa y cuando lo hace es solo por una o dos semanas y pienso que un juego entre hombres no es lo mismo que con una mamá, así que yo estaba encantada de que mi hijo tuviera este amigo para distraerse.

Todo esto cambio una tarde que llegue del trabajo muy cansada. Fui hacia la habitación de mi hijo y ahí están ambos frente a la pantalla jugando algún juego de fútbol de video. Después me dirigi a mi habitación y para relajarme se me ocurrió meterme a la ducha, sin más así lo hice.
Justo voy saliendo de la regadera cuando escucho que se abre la puerta, era Andrés que sin percatarse de mi presencia entra bajándose el cierre del pantalón. Ambos pegamos un grito al mirarnos.

– Disculpe señora tenía muchas ganas – dice el chico apenado.
Sin embargo por el pudor trate de cubrirme retrocediendo, pero al hacerlo resbale y por inercia deje la toaya que me cubría y está callo al piso. Andrés corrió hacia mi para sostenerme. Estaba desnuda frente al amigo de mi hijo, apenas recobre la conciencia y me percate que Andrés me estaba inspeccionando de los pier a la cabeza.

– Volteate por favor – dije avergonzada.

Apenas un segundo después André pregunto.
– ¿Puedo voltear señora?
– No, aún no – le conteste mientras me agachaba por la toaya – espérame a qué me cubra.
– Es que quiero verla.
Me sorprendió su respuesta y por inercia pregunté – ¿Por qué quieres verme?
– Es que nunca he visto una mujer desnuda y usted se ve muy hermosa, bueno, lo que alcance a ver.

Tenía la cabeza hecha un lío y solo se me ocurrió decirle – Si, está bien, pero ni una palabra a nadie por favor. Solo te voy a dejar verme para que no le digas a nadie sobre esto, ¿estamos?
– si señora, de acuerdo.
Nuevamente Andrés me miró desnuda, por un minuto, quizá más o menos.
El salió y luego yo me dirigi a mi habitación.
Al llegar ahí, me percate que me encontraba excitada, «¿como podía ser posible que aquella situación me pusiera así?»
Trate de olvidarlo, aún que por momentos pensaba que sería una pequeña travesura que se podría repetir entre Andrés y yo, pues si bien me parecía una locura tampoco olvidaba que llevaba mucho tiempo sin tener relaciones sexuales.

Antes de dormir puse una película para ver con mi hijo. Al terminar le dije.
– Bueno, ya se acabó la película, vete a tu habitación que nos tenemos que dormir para mañana levantarnos temprano.
– Si, má – fue su respuesta si embargo, no se movió para nada.
– Ya, a tu habitación que me tengo que meter a la cama para dormir.
Mientras se lo decía me empecé a quitar el suéter. Al empezar a desabotonar mi blusa me percate de que solo me quedaba mirando.
– ¿Pasa algo?
– No, nada má.
– ¿Entonces? Ya a tu habitación que también te tienes que parar temprano mañana.
– Si má, ahorita ya voy.
– ¿Que esperas, corazón?
– Es que quiero verte.
Si respuesta me dejó helada, pues fue la misma de Andrés, sin embargo tal como sucedió con él, también le pregunté.
– ¿Que quieres ver?
– Quiero ver cómo te desnudas.

Era posible que José viera como su amigo me veía desnuda o quizá el mismo se lo dijo a mi hijo.
Los labios me temblaban, no sabía que responder, pero me parecía hipócrita, decirle un «no», cuando su amigo me había visto completamente desnuda, así que sin más seguí desabotonado mi blusa hasta que está cayó al piso, seguí con mi pantalón tipo jean, lo empecé a bajar descubriendo mi ropa interior ante la vista espectante de mi hijo.
Me empecé a sentir incómoda, pero, pensar que estaba ante mi hijo, me calmó, pues me dije a mi misma. «Calma, debes de tenerle más confianza, es tu hijo».
Termine de bajar mi pantalón hasta sacarlo de mis piernas.
– Bueno, ya, ¿algo más que quiera el jovén para que se valla a dormir?
– No má, ¿Te digo algo?
– ¿Que cosa?
– Te ves muy hermosa y tienes unos calzones muy bonitos má.
Agaché la cabeza para mirar mi calzón, este era color beige, de encaje con escepcion del puente de la entrepierna, por la naturaleza del material se miraban los vellos púbicos atravez de él.
– Gracias cariño – dije un poco apenada – Ahora ya vete a dormir.
– Si – dijo contento mientras se daba vuelta y se marchaba a su habitación.

Estando ya acostada un pensamiento me llegó a la mente. «Que tonta pensar en hacer eso con Andrés, cuando tengo a mi hijo y se mira que le gusta verme o tiene la inquietud». Después de todo, si me había gustado mostrarme a alguien, por qué no mostrarme a mi hijo.
Al día siguiente fui a su habitación tal cual dormí, es decir solo en calzones y una camisón que transparentaba mis pechos.
– Cariño, ya despierta, se te va hacer tarde.
– Si, má.
Miéntras se vestía, de la nada le pregunté – cariño ¿Ayer te gustó verme en ropa interior?
– Si má, me encantó.
– ¿Te gustaría que anduviera así por la casa o te incomodaría?
– Si me gustaría, pero solo cuando estemos nosotros dos.
– Ha! Pues si. Sera solo en algunos momentos, por ejemplo cuando me cambie de ropa, tú podrás entrar a mi habitación sin llamar antes.

Ante la aceptación de mi hijo procedimos a ir a dónde nos correspondía, él a la escuela y yo al trabajo, no sin antes advertirle que no podría decirle a nadie pues la gente no lo vería bien.

Al terminar la tarde llegué a casa y en la puerta me recibió mi hijo.
– ¿Que milagro que sales a recibirme? – le dije – ¿Y Andrés, lo dejaste jugando solo?
– No má hoy no vino a jugar.
– Bueno ¿y como te fue en la escuela?
– Bien, mami ¿y a ti como te fue?
– Bien, cariño, hoy fue más relajado que ayer.
– ¿Entonces hoy no te balatas temprano?
– No, hoy me bañare más tarde, además tengo que hacer un poco de quehacer y la comida antes de bañarme, pero si me pondré algo más cómodo – advertí sin pensar en que mi hijo esperaba ese momento para verme en calzones nuevamente.
– Entonces ahorita regreso voy a dejar mi bolso y a cambiarme.
– Si má.
Me dirígi hacia mi habitación y me deshice del saco y la blusa, apenas empezaba a quitarme la falda cuando veo que se abre la puerta. Entra mi hijo y se sienta en la cama, no le digo nada puesto que yo se lo había propuesto en la mañana.
– Má, ¿Tienes muchos vellos ahí? – dijo señalando mi vulva.
– Nuevamente había logrado ponerme nerviosa con su pregunta.
– Lo normal – le contesté – ya verás tu en cualquier momento te empiezan a salir y consideraras si es mucho o poco.
Después de terminar de vestirme fuimos a hacer los deberes.

De esta manera por varios meses me estuve mostrando ante mi hijo hasta que se volvió algo normal, que es me viera semi desnuda y en algunas ocasiones que entrara a mi habitación mientras me subía los calzones, en otras ocasiones le pedía que me los alcanzará y me llevaba los que el considerará, también así fue la primera vez que me vio sin ellos, en esta ocasión no me escandalice para nada, lo vi como algo que tarde o temprano sucedería en igual que antes me dije en mis adentros, «es mi hijo y debo tenerle la confianza».

Teniendo en consideración su sentir, le pregunté si se sentía cómodo mirándome, a lo que él me contestó que si, por el contrario, a él le gustaba mirarme desnuda.
Fue esa confección, que en parte ya sabía, que me animo a seguir mostrándome a él, además de que me sentía liberada pues podía estar totalmente cómoda sin el temor de antes de mostrar de «más».

Sin embargo esto llegaría a más.
Un sábado fuimos a una fiesta en la casa de una vecina a un par de calles de casa, por la cercanía me di la libertad de beber algunas copas hasta marearme, al término de la reunión regresamos a casa, mi hijo me pidió permiso de dormir conmigo con la escusa de cuidarme, me pareció tan lindo su gesto que no le pude decir que no.
Por el mareo dormir rápido sin embargo entre sueño sentí cosquilleos en mi pubis, desperté despacio y vi como mi hijo tenía la cara cerca de mi entrepierna y los dedos de su manos surcaban los vellos que cubren mi intimidad.

– ¿Que haces? – le cuestione.
El, muy nervioso me contestó – nada má, es que tenía curiosidad. Perdón.

Quizá por las copas que había tomado pero lo tome de una manera muy a la ligera y pensé ya me había visto tantas veces que era normal su curiosidad y en lugar de reprenderlo era mejor educarlo.
– ¿Curiosidad de que?
– Quería ver cómo es tu conchita.
– A ver mi amor, no se llama conchita.
Me senté en la cama y le expliqué.
– está parte del cuerpo de una mujer se llama vulva, abrí las piernas y apartando el vello le mostré los labios vaginales mayores y menores y así se lo hice saber, al abrirse ligeramente mi orificio vaginal me preguntó.
– ¿por ahí orinan las mujeres?
– No mi amor, esa es la entrada de la vagina.
– ¡A..! ¿Por ahí se hacen los bebés?
– Así es, es ahí donde los hombres tienen que meter su pene para embarazar a una mujer o simplemente para darse placer.
– ¿Entonces no es solo para tener hijos?
Se me escapó una pequeña risita y luego continúe diciendo – No cariño, hay veces en las que la gente lo hace para demostrarse amor o simplemente por diversión o por placer y nada más.
Mientras le decía eso recordé a Andrés.
La mano de mi hijo recorriendo mis vellos me saco de mis pensamientos.
– ¿Te gusta acariciarme ahí? – le pregunté.
– Si – contestó con cierta timidez.
Esa timidez no me gusto, debo confesar, pienso que Andrés no la tendría, así que le tome la mano y la empecé a frotar contra mi vulva.
– ¿Te gusta que te acaricie ahí? má
– Si mi amor, me gusta que tú me acaricies ahí.
Pensé que eso sería todo lo que sucedería, sin embargo mi hijo deseaba algo más y me lo hizo saber.
– Mami, me das permiso de meterte mi pene.
Una vez más pensé en Andrés y sabía a qué hubiera llegado las cosas con él, así que mi respuesta fue abrir mis piernas, mi hijo entendió rápidamente que le estaba cediendo permiso. Rápidamente se desvistió y por primera vez, después de seis años volví a ver su pene está vez duro aún que no de gran tamaño pero para mí era el mejor pene. En unos instantes ya tenía a mi hijo encima de mí.
– Abrázame mi amor – le dije con sumo cariño.
Así lo hizo él, nos abrazamos como muchas veces antes, pero en esta ocasión ambos estábamos desnudos, su pene se aplastaba contra mi pubis, su torso contra el mio, mis redondos pechos contra el de él y su rostro cerca del mío.
– Besame mi vida – le pedí mientras acercaba mis labios a los suyos y el correspondió uniendolos.

Mientras el beso seguía entre los dos, metí mi mano entre nuestros cuerpos, tome su pene erecto, lo fui guiando hacia la entrada de mi intimidad y poco a poco se fue introduciendo, me estaba entregando a los deseos de mi hijo, aún que yo también lo estaba disfrutando.
– Ahora solo mueve la cadera hacia al frente y hacia atrás para que me cojas.
– Si mami, me dijo tiernamente.
¡Dios! Mi hijo me estaba dando placer y él también lo está disfrutando, así me lo hizo saber.
– ¡Que rico se siente mami!
– ¿Te gusta?
– sí, mucho.
– Ya sabes, si quieres que esto se repita no debes de decirle ni una palabra a nadie.
– Si mami, no te preocupes.

En verdad que no lo podía creer, mi hijo me deseaba y yo feliz de haber decidido entregar mi cuerpo a él en lugar de a su amiguito Andrés.
Aquella ocasión mi hijo termino dentro de mí y controle la situación comprando la pastilla del día siguiente.

Poco a poco mi hijo ha ido tomando confianza a la hora de cogerme. De poner su mano sobre mi sexo con timidez a dedearme sin reparó, de pedirme permiso para besarme a sujetar mis mejillas para meterme su lengua en mi boca, de mirar sutilmente a tocar mis partes intimas con descaro y sin previo avisó, de ser su madre a convertirme en su mujer o en su juguete sexual.
Durante el día, como todo niño, juega con sus amiguitos, aún que como ya se imaginaran los juegos de videos son su preferencia, si va algun lugar donde me encuentro, por ejemplo mientras lavó, él pasa y me da una nalgada, mi respuesta es solo sonreírle.
Por las noches, cierro bien las ventanas y la puerta, pues se que el en algún momento me dirá.
– mami abre tus piernas – o – acomodate – esto para que yo me ponga en cuatro.
O aveces simplemente empezá a meter su mano dentro de mi calzón para dedearme. No me puedo negar a sucumbir a su deseo, pues ahora además de ser mi hijo es mi macho. Lo admito, aveces se me hace raro.

Esta vez, como hago en los últimos días bañe y seque mi cuerpo para ponerme el calzón negro de encaje, me metí a la cama, en pocos minutos llega él, se encontraba en su habitación con sus 45 minutos de videojuegos. Se acuesta a lado mío y me dice.
– Hola mami – mientras mete su mano debajo de las cobijas en busca del borde superior de mi calzón, este no le impide el paso por mucho tiempo y llega a primeros vellos a su paso, sus dedos los surcan hasta que el dedo medio llega al principio de mi vulva para empezar a acariciar.

Mi vagina empieza a lubricar y mi hijo ya sabe que significa la humedad, así es la parte más íntima de su madre espera por él así que se detiene, quita las cobijas y toma mi calzón y lo baja hasta mis pies y lo deja aun lado.
– Acomodate má – me dice con su dulce voz y yo obedezco su petición.
Bajo de la cama y encima del tapete pongo las rodillas separadas, los brazos y el rostro pegadas al piso y las nalgas bien paradas.
Le va atrás de mí, un par de nalgadas antes de acomodar su pene entre mis labios vaginales y luego me la ensarta, me toma de las caderas y empieza el vaivén.
Como una poseída empiezo a decir entre gemidos.

– Que rico se siente tu vagina, mami.
– ¿Te gusta metermela? mi amor
– Si.
– Disfrutala corazón, es para que tú la disfrutes papito.

Mi hijo paso sus manos a mis nalgas y mientras me la seguía metiendo me las acariciaba y en momentos me propina una nalgada.
– Que ricas nalgas tienes mami.
– Son para ti hijito. – le contesto entrecortado, pues no puedo dejar de gemir. Lo confieso, me encanta sentir sus manos en mi culo.

Sus manos sueltan mis nalgas y toma mi cabello, lo junta y la sostiene en la izquierda mientras la derecha se sostiene en mi espalda sometiendome a su placer, convirtiendo mi cuerpo en una especie de balero, pues con cada envestida me arroja hacia al frente solo para que en segundos, por inercia regrese a clavarme en su verga. Ese es el juego preferido de este mi niño, clavarme su verga una y otra vez hasta llenar con su semen lo más íntimo de mi ser.

Como dije hace algunas líneas, aveces se me hace raro, abrir las piernas para mi hijo, que apesar de que hombres apuestos, fornidos me ofrezcan una noche de romántica pasión, sea un niño quien me someta y apenas baste con clavarme su verga para que yo me vuelva una muñeca a la cuál él puede tratar a su antojo, apenas bastaría con gritarme y reprenderlo, pero en cambio es él quien me nalguea y aveces deja su mano entre mis nalgas para meter su dedo en mi culito, otro niño tomaría la mano de su mamá para hacer algún berrinche, pero el me toma la cara para meter su verga a mi boca y yo complaciente se la empiezo a mamar.

Aún y cuando me es raro que un niño sea mi macho, lo disfruto y me gusta que él lo disfruté pues es mi hijo.



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